Lo mejor de escribir es que me permite
dejar de pensar
permite que lo que llevo dentro,
lo que siento
lo que visceralmente anhelo
vaya directo desde el corazón hasta el
cerebelo,
donde éste,
lo transforma en imprecisas señales
electroquímicas que,
ordenan espasmódicos movimientos que,
permiten rellenar con tinta los vacíos
de un impío y pulcro lienzo que,
ya estaba escrito antes de conocerme.
Esperando paciente a que,
la inconsciencia rellenara las vetas de
papel
para transformarlas en valles de tinta
estacionaria.
Tanta palabrería para decir algo que
seguro ya sabéis, no leéis lo que escribo me leéis a mí. Hace
poco comprendí que escrito y escritor son dos cruces de la misma
moneda.
Y para que explicar este acto de
sabiduría espontanea, para presentar los interludios de verano,
textos que escribí mientras garabateaba El ABC y que sigo
escribiendo, y que, sin yo saberlo, completan y continúan al
pensionista.
Así pues, Capítulos e Interludios se
mezclaran en desorden, no me culpéis, siempre es tan culpable el que
lee como el que escribe.
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