Roberto Iniesta escribió una vez que, un sueño cumplido es un deseo muerto, por eso te pido que nunca dejes de soñar, y si es despierto, mejor. Nunca vivas algo como si fuera la última vez, las despedidas siempre suenan a melancolía, a inevitable tristeza.
Hazlo como si fuera la primera vez, guiado por la ilusión, por los curiosos nervios y la injustificada e irracional alegría de saber que esto, tan solo acaba de empezar, que la vida es demasiado sencilla para complicarla, tan sólo hay que ser feliz.
Por supuesto, los sueños terminan, todo lo que tiene un principio tiene un final, el miedo es libre y a veces, el temor a una decepción nos coarta a la hora de soñar, el miedo, como todo, tiene su función, es tu decisión dejadle hacer su trabajo o no, y durante cuanto tiempo le dejas actuar si se lo permites.
Lo único cierto es que, al final de un sueño nunca nos espera una decepción, con suerte encontraremos unos ojos cerrándose y el germen de algo que esta por soñar, si no la tenemos, nos encontraremos con la realidad.
Es ahí donde debemos dar lo mejor de nosotros y demostrar que, podemos soñar nuestra realidad, a veces bajamos los brazos, nos rendimos y nos sentimos decepcionados. Con nuestra mala suerte, con un amigo, con la vida. Casi siempre con quién menos lo merece, sin que nuestro ombligo nos deje admitir que tan sólo estamos decepcionados con nosotros mismos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario